Autorregulación  de la impulsividad


La impulsividad constituye uno de los rasgos de personalidad más predominantes de nuestra sociedad. A nivel general, lo podemos definir como la predisposición a actuar o reaccionar de forma rápida, espontánea o inesperada ante estímulos o situaciones externas o internas (del propio individuo) sin existir una reflexión previa sobre las posibles consecuencias de los comportamientos adoptados.

 

   Características que lo acompañan son: la aparición del acto antes de que la reflexión, la dificultad para inhibir conductas y anticipar sus posibles consecuencias, y una baja tolerancia al estrés. Todo ello confluye en un déficit de autocontrol, lo que hace que algunas personas sean definidas como imprudentes, inconscientes, poco reflexivas, arriesgadas o incluso irresponsables.

 

    El método Feuerstein proporciona a las personas impulsivas, las herramientas para aprender a pensar antes de actuar, a ser el artífices de su propio autocontrol y descubrir sus estrategias para autorregular el propio comportamiento.

 


Cuando hablamos de impulsividad, nos referimos a la tendencia a reaccionar de forma precipitada o no meditada ante una situación externa sin pensar sobre las consecuencias a largo plazo. Es la puesta en marcha de conductas que son “impulsadas” por la emoción que sentimos en ese momento, lo que ocasiona una baja percepción de control de dichos impulsos

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