Atención y aprendizaje


    El aprendizaje es un proceso que comienza con el nacimiento del bebé. Sus primeras experiencias de aprendizaje son consecuencia de factores biológicos como la respiración, el llorar, el hambre o el frío, y la interacción entre el medio ambiente y el sujeto cuidador fomenta este proceso.

 

    Se sabe que la atención es caudal en el proceso de aprendizaje, es un requisito para almacenar cierta información, o incorporar nuevos conocimientos.

 

    El desarrollo de la atención se divide en dos etapas conocidas como: atención involuntaria y voluntaria. Esta es un sello distintivo de los primeros años de la edad y nos acompañará toda la vida. Es fácil de reconocerla cuando se está realizando alguna actividad y se oye un ruido fuerte, como un accidente de coche o al escuchar un fuerte trueno. De forma automática, la persona se dispersa, dirigiendo la atención hacia el ruido. Así pues, cualquier cosa que pueda despertar por reflejo la atención no consciente, se considera una atención involuntaria.

 

    La atención voluntaria sucede por el interés del sujeto en determinado asunto, que se divide en la atención selectiva, la atención alterna y la atención dividida, estaríamos hablando de concentración

 


Concentración


    La atención enfocada es exactamente el proceso de concentración, dedicar, aunque sea momentáneamente, la máxima atención a una sola cosa. En este punto, centramos toda nuestra capacidad mental e imaginativa en la acción, ya sea de entender al otro, tener una nueva perspectiva sobre nuestros problemas, cambiar las estrategias o cualquier otro propósito.

 

    Trabajando el método Feuerstein, el enfoque aumenta significativamente, vinculándolo a los procesos de autocontrol, provocando mejor capacidad de retención de informaciones relevantes para el aprendizaje, las cuales son fijadas en la memoria a largo plazo, superando así las dificultades localizadas tanto en relación a la atención ya la atención enfocada, es decir concentración.